Ahora es cuando vuelvo a la realidad y me encuentro hundida en este mugroso asiento del autobús, maldiciéndome por no haberte lamido lo suficiente; por no haberme quedado esta noche contigo para besarte la espalda mientras te duermes... Porque lo necesitaba.Necesitaba ser esa perra que te lame las heridas que ni tú mismo te ves. ¿Y sabes por qué? Porque un viejo verde me enseñó que las llagas de nuestro corazón sólo las podemos sanar si logramos enmendar el dolor ajeno, aunque sólo sea por unas horas.
Buenisima historia de un blog que acabo de encontrar, puede que me haga fan incondicional de la chica que lo escribe: www.cafeinasentimental.com
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